El casco antiguo de Altea: un paseo entre calles empedradas y casas blancas
Altea es, sin discusión, el pueblo con más encanto de toda la Costa Blanca. Su casco antiguo, conocido como "el fornet", es un laberinto de calles empedradas, casas blancas con puertas y ventanas de colores, buganvillas derramándose por las fachadas y rincones que parecen sacados de una postal griega. La subida desde la plaza de la iglesia hasta el mirador es un paseo obligado para cualquier visitante.
En lo alto del casco antiguo te espera la iglesia de la Virgen del Consuelo, con sus icónicas cúpulas de azulejos azules y blancos que se han convertido en el símbolo más reconocible de Altea y de toda la Marina Baixa. Desde la plaza de la iglesia, las vistas al Mediterráneo, a la bahía de Altea y a la Sierra de Bèrnia son sencillamente espectaculares.
El casco antiguo está plagado de galerías de arte, talleres de artesanos, tiendas con encanto y pequeños restaurantes con terrazas donde disfrutar de una copa de vino al atardecer. Altea ha sido históricamente un refugio de artistas, y esa esencia bohemia sigue viva en cada rincón.
Las playas de Altea: de cantos rodados y aguas cristalinas
Las playas de Altea son diferentes a las de arena fina que encontrarás en otros municipios cercanos. Aquí predominan los cantos rodados, lo que le otorga al agua una transparencia y limpieza excepcionales. Las principales playas y calas son:
- Playa de L'Olla: la más emblemática de Altea. Conocida por su islote a pocos metros de la orilla (que puedes alcanzar andando cuando el nivel del mar es bajo), L'Olla tiene chiringuitos, restaurantes y un ambiente relajado. El atardecer desde L'Olla, con Sierra Helada al fondo, es inolvidable.
- Playa de Cap Negret: al sur de Altea, junto al Club Náutico. Cantos rodados oscuros de origen volcánico que le dan un carácter único. Perfecta para snorkel por la riqueza de sus fondos marinos.
- Playa de La Roda: la playa del casco urbano, con paseo marítimo, restaurantes de pescado y arroces, y un ambiente familiar. Es el centro neurálgico de la vida playera de Altea.
- Cala del Soio: pequeña y recogida, al norte de L'Olla. Ideal para quien busca tranquilidad absoluta.
- Playa de la Solsida: en el parque natural de Serra Gelada, accesible por sendero. Naturaleza en estado puro sin urbanización ni servicios.
Sierra de Bèrnia y senderismo en Altea
Altea no es solo mar: la montaña es otra de sus grandes bazas. La Sierra de Bèrnia, con sus 1.128 metros de altitud, es una de las rutas de senderismo más espectaculares de toda la provincia de Alicante. Desde Altea puedes acceder a varias rutas:
- Circular de Bèrnia por el Fort: ruta de dificultad media (unos 11 km, 4-5 horas) que incluye el paso por el forat de Bèrnia, un agujero natural en la cresta de la montaña que ofrece vistas a ambos lados de la sierra. Es necesario pasar a gatas por un tramo estrecho, lo que añade emoción a la ruta.
- Sierra Helada (Serra Gelada): parque natural que se extiende entre Altea y Benidorm. Ruta costera con acantilados de más de 300 metros sobre el mar, faro, y vistas a la bahía de Altea y la isla de Benidorm.
- Paseo ecológico de Altea: recorrido suave junto al mar por la zona norte del municipio, ideal para familias y paseos en bicicleta.
Deportes acuáticos y actividades al aire libre
La bahía de Altea es un lugar privilegiado para la práctica de deportes acuáticos gracias a sus aguas tranquilas y sus vientos moderados:
- Kayak y paddle surf: varias empresas ofrecen alquiler y excursiones guiadas por la costa de Altea, incluyendo recorridos hasta las calas de Serra Gelada.
- Buceo y snorkel: los fondos marinos de Altea son de los más ricos de la Costa Blanca, con praderas de posidonia y abundante vida marina. Hay centros de buceo con cursos para todos los niveles.
- Vela: el Club Náutico de Altea ofrece cursos de vela y alquiler de embarcaciones.
- Ciclismo: Altea es punto de partida para rutas ciclistas espectaculares por el interior de la Marina Baixa, incluyendo el mítico puerto de Confrides.
Gastronomía alteana: arroces, pescado y mucho más
Altea es un destino gastronómico de primer nivel. La cocina alteana se basa en productos del mar y la huerta, con una tradición arrocera que rivaliza con cualquier punto de la Comunitat Valenciana:
- Arroz a banda: el plato más emblemático, con caldo de pescado de roca intenso.
- Arroz del senyoret: similar al a banda pero con el marisco pelado, "para señoritos" que no quieren mancharse las manos.
- Fideuà: la versión con fideos del arroz a banda, originaria de Gandía pero perfeccionada en toda la Marina.
- Pescado fresco: dorada, lubina, rape, langostinos y gambas recién llegados de la lonja.
- Borreta de patatas y bacalao: guiso tradicional marinero de cuaresma.
Los restaurantes del paseo marítimo de Altea (Playa de La Roda) ofrecen arroces con vistas al mar que son una experiencia difícil de olvidar. El mercado semanal de los martes también es una cita obligada para disfrutar de productos locales frescos, quesos, embutidos, miel de la sierra y aceite de oliva de la zona.
Fiestas, cultura y vida nocturna
Altea tiene un calendario festivo rico y variado que refleja la esencia mediterránea del municipio:
- Castell de l'Olla: sin duda, el evento más espectacular de Altea. Cada segundo sábado de agosto, un castillo de fuegos artificiales acuáticos se lanza desde una barcaza en la bahía. Más de 100.000 personas se congregan en las playas y colinas de Altea para presenciar este espectáculo pirotécnico que dura unos 40 minutos. La combinación de fuegos, música y reflejo en el mar es sencillamente mágica.
- Moros y Cristianos: Altea celebra sus fiestas patronales en honor a San Lorenzo (agosto) y la Virgen del Consuelo (septiembre-octubre), con desfiles de Moros y Cristianos, mascletà y tradiciones que se remontan siglos.
- Nit de l'Art: noche del arte en el casco antiguo, con galerías abiertas, performances y música en directo.
- Palau Altea: centro cultural y de congresos que acoge teatro, conciertos, exposiciones y eventos durante todo el año. Es un referente cultural de la Marina Baixa.
No te pierdas tampoco Altea la Vella, la pedanía del interior que conserva su carácter rural y celebra unas fiestas populares auténticas con toros embolados y verbenas. Es la Altea más genuina y menos turística, ideal para descubrir la vida real del municipio.
Altea es, en definitiva, mucho más que un pueblo bonito. Es un estilo de vida que combina cultura, naturaleza, gastronomía y una comunidad internacional acogedora. No es de extrañar que tantas personas, al descubrir Altea, decidan que este es el lugar donde quieren vivir.



